viernes, 14 de noviembre de 2014

Terror animado: la bruja de Blancanieves


Sé que debería haber escrito una entrada para presentarme y hablar de lo que irá el blog, pero como no tengo ni pajolera idea todavía iré al grano comenzando con una serie de entradas sobre los momentos y personajes de películas de animación que más me aterraron en su día.

Empecemos hablando del primer largometraje de animación producido por esa fábrica de sueños y pesadillas que es Walt Disney.



Si bien concuerdo con la mayoría en que durante los noventa la productora nos ofreció historias de mayor calado emocional, hay algo en el estilo de dibujo y la animación de los primeros clásicos que consigue impactarme de una manera especial.

Uno de los ejemplos es la madrastra de Blancanieves. La mujer es guapa, tiene una belleza sofisticada de la que carece Blancanieves. Si sonriera más a menudo quizás incluso podría convencer al espejo. Pero la realidad es que es una mala bicha, le hierve la sangre cada vez que ve a la mugrosa de su criada flirtear con los príncipes que se cuelan con todo el morro del mundo en su castillo. Le tiene tanta envidia que se pasa todo el primer tercio de la película ocultándose dramáticamente tras las cortinas de sus aposentos para no ver a la parejita feliz y poniendo estos caretos de espanto:



Más tarde se transformará en algo terrible, espantoso, la manifestación del mal sin maquillaje ni potingues. Y digo esto pensando en Maléfica, ya que si bien me parece la segunda mejor villana de toda la factoría después de Lady Tremaine, es un personaje cuya presencia, en el fondo, te inspira cierta admiración por el estilazo que se gasta para ser tan malvada y por lo hermosa y terrible que es. La bruja resulta incómoda en todo momento y lo único agradable de ella es que demuestra un sentido del humor que no tiene su versión menopáusica. No quieres que finalice la escena de la fiesta en el salón de la casa de los enanitos porque sabes que justo después nos espera la bicha de ojos saltones en una de las mazmorras del castillo para ponernos al tanto de sus planes maléficos.

El diseño es perfecto. Se trata de una bruja clásica, con su respectiva verruga y nariz alargada y aguileña. Me gusta especialmente el contraste de su cabello plateado como tela de araña y su túnica más negra que la misma oscuridad. Una pasada como la tela ondea fantasmagóricamente cada vez que camina cojeando.



La atmósfera que acompaña al personaje es también digna de mención y hace que todas sus apariciones sean terroríficas y memorables. La luz mortecina de una vela en la habitación donde prepara la manzana envenenada, la niebla que la acompaña en su caminata por el bosque, la tormenta durante la persecución, la calavera del secuaz traidor que patea sin compasión (estremecedor), los buitres que la observan desde cerca (magnífico detalle)…

Pero la escena que me causó mayor impacto fue su fatídico encuentro con Blancanieves. Me encanta esa sombra que se apodera de la escena y cómo los animales huyen despavoridos al ver esto:



Esta imagen es puro terror, ¿no os parece?  Todo tan soleado, tan bucólico… Y la tiparraca esta en primer plano. Si hubiera un chocolatómetro que midiera el grado de terror esta imagen sin duda sería chocolate puro y amargo.

1 comentario:

  1. Nunca me ha gustado Blancanieves por esta película. De pequeña me moría de miedo viendo a la reina (y eso que pensaba que ella tenía razón, que era la más guapa y que su espejo era idiota). Tenía otra película que se llamaba "Blancanieves y el castillo encantado" y me jiñaba igual con esa película que con la de Disney.

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